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ENERO, 2020

El YOGA le ayudó a superar el cáncer y cambió su vida

Hace pocos días el centro cumplía 2 años y comentábamos que nuestro mejor regalo era poder haber sido testigos de cómo la práctica del YOGA había ido poco a poco transformando la vida de tantos de vosotros. Hoy queremos contaros una de estas historias en primera persona, la de Dominique, una de nuestras alumnas que en su lucha contra el cáncer encontró en el YOGA un refugio, un aliado, un ancla para permanecer centrada y firme en la lucha y una terapia para mantener el cuerpo activo y paliar los efectos secundarios de la quimioterapia.

Gracias Dominque por tu valentía y generosidad, por brindarnos la oportunidad de compartir esta maravillosa historia que esperamos sirva de ejemplo y ayuda para muchos y muchas!

“Es muy duro ser diagnosticada de Cancer y que los médicos te digan que todo lo que puedes hacer es ser positiva y confiar en el tratamiento, dejándolo todo en sus manos.

Cuando lo único que te recomiendan que hagas durante la quimioterapia es que te hidrates mucho y que salgas a pasear, sabía que algo más podría hacer por mi cuerpo y mente para afrontar éste difícil proceso.

Y ahí fue cuando confié en el Yoga.

Ya lo había practicado en algunas ocasiones anteriormente, y conocía lo beneficioso que era para mi, pero fue en ese momento cuando decidí introducirme más profundamente en la práctica. Se convertiría en  mi  terapia psicológica y me mantendría activa para no quedarme atrapada en la cama todo el día.

Después de varias clases me di cuenta del bien que me hacía practicar yoga regularmente y manera consciente, tanto para mi estado mental como para los efectos secundarios del tratamiento.

Una de las mejoras más importantes que noté fue la disminución de la fatiga tras la práctica, y lo iba notando más aún conforme aumentaba la frecuencia. Terminó siendo lo que me hacía levantarme. Cuanto más cansada me sentía, más necesitaba ir a clase.

Además me ayudaba a reducir el estrés y la ansiedad que ésta enfermedad de por sí te genera, tanto física como emocionalmente. El yoga me ayudaba a estar de mejor humor, ser más paciente durante los largos días de hospital y a conectar con mi cuerpo en su lucha contra el veneno del tratamiento.

Recuerdo que cuando empezó todo tenía que tomar pastillas para poder dormir y relajarme por la noche. Después de dos meses de práctica regular, el insomnio ya nunca más fue una preocupación.

La quimioterapia también afecta directamente a los músculos, pierdes movilidad, reflejos y te hace ser torpe. Pasar muchas horas en el hospital o tumbada me hacía sentir aún más rígida, dolorida y me costaba hacer las tareas diarias. Encontré en el yoga una forma suave y sutil de mantener mi cuerpo activo y ágil. Perdí mucha flexibilidad y gané peso por el tratamiento, pero eso no consiguió frenarme y seguí dando lo mejor de mi en cada práctica.

No me importó llevar los brazos llenos de moratones por las inyecciones, mi aspecto sin pelo y con ojeras, lo cansada que estuviera o lo mucho que me doliera el cuerpo y el estómago… Todo cambiaría después de la práctica. Al menos eso es lo que sentía después de cada Savasana. Sabía que estaba justo donde debía estar.

Tras cinco meses desde el último tratamiento, puedo decir que mi cuerpo se ha recuperado mucho más rápido de lo que lo esperaba. Nada más acabar la radioterapia pude viajar a la India para  realizar mi curso de profesora de Yoga 200YTT y cumplir uno de mis mayores sueños..

Ahora sé que éste va a ser mi estilo de vida para siempre, no solo porque está probado que el yoga disminuye las probabilidades de reincidencia del cáncer, sino porque además encontré mucho más detrás de ésta práctica que un simple ejercicio físico, sino una cura para mi alma en cualquier situación.

Namaste.”

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